.Bajo el titulo "Detienen a tres adolescentes por hora por cometer delitos" el diario La Nación publica durante el mes de Octubre un articulo donde engloba como delincuentes, sin distinguir entre ellos, a un conjunto de adolescentes que son detenidos por diferentes motivos.
Estos adolescentes detenidos abarcan un amplio espectro de causas que van desde una minoría que lo son por delitos efectivamente cometidos, hasta una gran mayoría que son detenidos por ser sospechados por portación de un aspecto, en su mayoría, ligado a su condición socioeconómica y/o en segundo termino al color de su piel.
Dándole a la comisión de delitos como factor de las detenciones un primer plano en la información y proyectándola sobre el conjunto de adolescentes detenidos y una constante exposición de hechos delictivos cometidos por adolescentes en donde pareciera que el universal de la detención de los adolescentes estaría signado calificativamente por estos casos estadísticamente minoritarios y significativamente decrecientes para las estadísticas delictivas de nuestro país desde el año 2001 en adelante y más pequeños aún en comparación con las estadística delictiva entre adolescentes de otros países donde existen grades conglomerados humanos.
Pareciera según el tono de la nota, que el hecho de las detenciones en si mismas marcaran las diferencias que por su naturaleza tienen estos adolescentes de los otros adolescentes y no viesen en la marca del hecho de la detención misma un signo de la discriminación sistemática que es aplicada hacia determinados habitantes de nuestro país y la consiguiente modulación que dicho medio de opinión como formador de la misma difunde como política tendiente a la acentuación de la imposibilidad de integración de todos los argentinos en una misma comunidad de intereses.
Es decir las operaciones que se deberían hacer, como consecuencia de la nota, sobre el conjunto de los adolescentes con el fin de defender propiedades y vidas serian en primer paso la discriminación de determinados tipos de adolescentes dentro de una escala que los califique y, como segundo paso, la segregación de los mismos para evitar los males que podrían traer a los lectores de este tipo de diario el contacto con esos chicos.
Es notable como por una minoría de criminales o delincuentes que por su edad están en la adolescencia y que en la realidad no se distinguen por ser necesariamente exclusivos de una clase socioeconómica, se cambia el valor de la delincuencia por la generalización dentro de este calificativo de todos los adolescentes detenidos por cualquier motivo y sin prueba ninguna de haber cometido algún delito.
Pareciera que el único lugar que les abre a estos adolescentes como posible para su consideración como humanos dentro del sistema de valores determinado seria el de lo peor. Solo siendo lo peor podrían ocupar algún lugar dentro de lo humano de
nuestro sistema.
Parecería que en todos esos casos los adolescentes fueran plenamente responsables por cada una de las detenciones de las cuales fueron objeto no habiendo ningún motivo superior y abstracto que los lleve necesariamente a ello, ningún poder superior llámese mercado, pautas de consumo como valor de lo social, nada superior a su propia y obstinada decisión de ser contraventores y delincuentes por la que son determinados en sus acciones.
No parece que esta misma lógica referida a la responsabilidad personal de los actores, que cae con todo su peso cuando se trata de menores en condición pobres y preferentemente de piel oscura, les compitiese también a los formadores de precios y
valores dentro de nuestra sociedad.
Allí lo que se antepondría para que los artículos que son indispensables para que la gente viva con algún grado de dignidad no llegue a ellos, serian obstáculos que tendrían relación con variables a las que se les da un matiz de abstracción y universalidad como la oferta y la demanda de un producto en el mercado, la capacidad instalada de producción, los valores internacionales de los productos, problemas climáticos, los caprichos del capital, etc., etc. en donde más que la intervención personal de algunas personas y sus decisiones de donde colocar sus capitales y que hacer con ellos y las responsabilidades que les competen personalmente como integrantes de una comunidad de la cual ellos se benefician, estarían fuera de su poder de hacer y fueran solo victimas de las dialécticas del mercado y no responsables de las decisiones que afectan a un sinnúmero de gente en su vida cotidiana: en su salud y las posibilidades de supervivencia por sus carencias de alimentación, en sus posibilidades de acceder a lo que se consideran como cosas valoradas que deberían tener hoy en día la gente en nuestro sistema para ser consideradas como plenamente humanos. Lógica perversa que impone que la dignidad y humanidad está fijada por los valores ligados a los objetos que se ofrecen en el mercado del consumo y su poseción.
Saúl Jelen.
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